Ahora nos toca ser los padres a nosotros, y como si de un acto reflejo se tratase, esos nervios y pequeños ataques de pánico los seguimos sintiendo en este complicado día. Y es que, la implicación de los padres cada vez es mayor, intentando ayudar a nuestros hijos, dándoles herramientas o técnicas de estudio, preguntándoles la lección hasta ya haberla memorizado hasta tú, apoyándoles cuando una nota no es la esperada, en definitiva, motivándoles en todo lo que esté a nuestro alcance...
Pero...¿qué ocurre cuando el resultado de las notas nos defrauda?
Lo normal es que nos salga el ogro que llevamos dentro y se le presentemos a nuestro hijo pero ¿es eso contraproducente?
Lo correcto es no reñir a nuestros hijos por sus resultados, de la misma manera que expertos aconsejan no premiar los resultados positivos, sino que debemos hacerlo según sus esfuerzos. Nosotros como padres, sabemos perfectamente si ha habido dedicación, han sido constantes y se han esforzado lo suficiente o si por el contrario se han estado comportando de forma vaga, intentando dar esquinazo a sus obligaciones y ser el rey del mínimo esfuerzo...
Nuestra labor como padres es pues, centrarnos en esto último y en base a esto enfocar nuestro discurso que más bien debe ser un diálogo entre los dos, donde le hagamos ver esa falta de trabajo o por el contrario premiar ese importante esfuerzo realizado, independientemente de los resultados obtenidos.

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